lunes, 22 de febrero de 2016

SIEMPRE HA SIDO IGUAL

Secciones EL PAÍS 40 Aniversario Ideas La matanza que hundió a Azaña Se reedita el ejemplar reportaje de Ramón J. Sender sobre la brutal represión de una rebelión campesina en Casas Viejas por parte de las fuerzas del orden republicanas Otros 183 Guardar Enviar por correo Imprimir Ramon J. Sender 21 FEB 2016 - 12:03 CET Muertos en la revuelta de Casas Viejas (Cádiz) en 1933. Muertos en la revuelta de Casas Viejas (Cádiz) en 1933. Destruida la choza, asesinado también con las esposas puestas Manuel Quijada y golpeada bárbaramente su mujer, Encarnación Barberán, que quiso protestar, los guardias bajaron en una columna disforme hacia la plaza y formaron en el centro. Más de doscientos hombres. El cura preguntaba tímidamente si había que usar sus servicios y preparaba un sermón para la primera ocasión en que hubiera que repartir en la iglesia “la limosna”. Los oficiales iban y venían con papeles. Después de los disparos últimos contra un grupo de curiosos, todo el mundo había vuelto temerosamente a sus casas, a sus albergues. La luz de las siete de la mañana llegaba por la parte del mar, lívida y penetrante. El jefe paseaba ante la doble fila de las fuerzas formadas. La humareda que seguía subiendo desde lo alto de la colina terciaba el cielo de la aldea con una faja negra. Ardían los cuerpos desmedrados de los campesinos. Todas las viviendas de la aldea estaban cerradas. Los jefes iban y venían con papeles. Uno dijo apresuradamente: —Tengo órdenes rigurosas y concretas de hacer un escarmiento. Miró el reloj y añadió: —Doy media hora para hacer una razzia, sin contemplaciones. Esta orden no se limitaba expresamente a los sucesos de Casas Viejas, sino que se había dado el día 11 con carácter general a todos los lugares donde se habían producido desórdenes, como otras órdenes no menos bárbaras; las fuerzas rompieron filas y se diseminaron en dirección a la torrentera, hacia las chozas de los jornaleros. Un guardia preguntaba: —¿Qué es una razzia? Y otro respondía, cerrando la recámara del fusil: —Que hay que cargarse a María Santísima. En las calles no había un alma. Los campesinos permanecían con sus familias, silenciosos, en las chozas. A la puerta de una de ellas lloraba el niño de once años Salvador del Río Barberán. Llevaba en la mano un cartucho de fusil, disparado. Los guardias le dijeron, riendo: —Tira eso, muchacho, que no es un pastel. Luego empujaron la puerta. En el fondo, el viejo Antonio Barberán —el de la chaqueta de rayadillo— yacía sobre un charco de sangre. El muchacho lloraba y juraba que su abuelo no era anarquista. El guardia bisoño subió calle arriba con los otros, conocedor ya de lo que era una razzia. Atrás quedó el muchacho midiendo con los ojos la soledad de la calle. El pueblo había enmudecido. Después de las ilusiones de la noche del día 11, todo volvía a su viejo ser. Las tierras seguirían alambradas y cercadas “para nadie”. El hambre y la desesperación, el no hacer nada y la esperanza —como único horizonte— de que el cura los convocara un día u otro —quizá mañana, siempre ese “quizá”— para darles un bono de una peseta canjeable por sesenta céntimos de víveres; ese porvenir inmediato les aguardaba. No se veía otra cosa en los meses que faltaban hasta la siega. Las hoces esperaban clavadas en la paja de la techumbre. La ilusión de las cuarenta y ocho horas anteriores los había vivificado. Nadie se acordó de comer ni de dormir. Pero la represión, la destrucción de la choza de Seisdedos, los asesinatos de Francisca Lago y de su padre cuando intentaban huir con las ropas ardiendo, todo aquel estruendo de bombas y fusilería al que estuvieron atentos los campesinos desde sus camastros; el recuerdo de Manuel Quijada, esposado, que caía bajo los culatazos de los guardias y era levantado a puntapiés para morir, por fin, ametrallado frente a la choza; los asesinatos de otros tres detenidos, muertos a bocajarro junto a las cercas; la muerte del septuagenario Barberán al lado de la cama que acababa de abandonar, esos acontecimientos eran conocidos rápidamente en todo el pueblo. Durante la noche, los campesinos afiliados al sindicato, que tenían armas, huyeron. El campo los acogería en la noche fraternalmente. Por la tierra, por la superficie cultivable, todavía virgen, habían intentado implantar el “comunismo libertario”. En la conquista del campo empeñaban la vida. La habían dado ya muchos campesinos. Al campo fueron a refugiarse. Entre los que quedaban en el pueblo apenas se podrían contar dos o tres testigos de los sucesos y miembros del sindicato. En la aldea había teléfonos misteriosos que comunicaban con Madrid y con Cádiz constantemente. Había papel para los atestados, sellos judiciales, casas donde tomaban el desayuno los oficiales y los enviados del Gobierno —había llegado uno, de Cádiz—. Había la inseguridad de ofrecer la paz sin que la aceptara el enemigo. La probabilidad de levantar los brazos inermes ante cuatro fusiles y recibir, sin embargo, la descarga. Estaba a cada paso la tapia de los fusilamientos. En el pueblo todo les podía ser hostil. En el campo, un obscuro instinto les decía que todo habría de serles favorable. Viaje a la aldea del crimen, de Ramón J. Sender, publicado en 1934, ha sido reeditado por Libros del Asteroide.

lunes, 15 de febrero de 2016

LA VIDA DE UN " CASCO AZUL" ESPAÑOL.... 200 MIL EUROS

La madre del cabo malagueño Francisco Javier Soria Toledo, muerto en enero de 2015 en la frontera del Líbano con Israel, en un puesto elevado de vigilancia cercano a la aldea de Ghayar, se resiste a que se eche tierra sobre el episodio que dio al traste con la vida su hijo cuando un proyectil judío lo dejó a punto de conocer a su primera hija sin más explicación que "una cadena de errores" del ejército israelí en una respuesta a un ataque de Hizbolá. Margarita Toledo mantiene una denuncia en la Audiencia Nacional, con el apoyo de la UME, para esclarecer los hechos. En ese sentido Israel de manera inaudita ha tratado de restituir "el fallo en la puntería", con 200.000 euros de subvención para su viuda. Noticia conocida recientemente. Al margen de esto, la progenitora del cabo Soria pide el nombre de los autores de lo que ella califica como "un asesinato", y que se sienten en un banquillo para explicar los pormenores del episodio. Un año después de la muerte de su hijo y con el proceso judicial todavía abierto, Margarita reconoce que la herida sigue demasiado viva. "Te vas acostumbrando a que ya no va a volver. Pero vives con los recuerdos de él, de la pena de la ilusión que tenía de ver a su hija. Y ahora toca vivir con rabia pero sin odio, porque este país se olvida de sus militares", manifiesta sin ira. Pese a ello su madre insiste en que sigue clamando justicia y que sigue indignada con el trato recibido por el Gobierno de España. "Tengo que estarlo. No fue un accidente, fue un asesinato. Este Gobierno no ha sabido defender a sus militares. A mi no me ha llegado una explicación de nada. En Córdoba nos dieron el pésame, otros ni se acercaron. A mi me importan sus compañeros y ellos venían llorando. Con eso me quedo. El ministro ya reconoció en televisión, cuando tuvo contactos con Israel, a los dos meses, que había sido una cadena de errores, pero sin intención. Entonces contó que Israel iba a indemnizar. Eso sí se me clavó en el alma, que un ministro salga diciendo que estaban contentos porque iban a indemnizar", recrimina sin levantar la voz. Toledo sigue sin asimilar que las baterías israelíes lanzaran munición contra posiciones de la ONU. "Mi hijo estaba donde lo habían mandado. Él no estaba en guerra. Estaba en servicio humanitario. Estuvieron soportando casi dos horas de bombardeo. Ya me dirán. Lo hicieron hasta con bombas de racimo. Sus compañeros no pudieron hacer nada, tuvieron que meterse en un búnker. Pero lo que más me irrita es que este Gobierno no defienda a sus militares. Me parece de vergüenza que callen por 200.000 euros de subvención. Pienso que ese trozo donde ellos estaban sirviendo era un pedazo de tierra intocable. Yo no quiero dinero pido justicia", reivindica. La madre del soldado muerto agradece que al menos el Líbano haya emprendido medidas legales para saber qué ocurrió entonces. "No sé lo que van a conseguir pero se agradece. Aunque hemos esperado mucho tiempo, el juez de la Audiencia Nacional que lleva el caso ha pedido a Exteriores y a Israel todas las pruebas que existan al respecto. No sabemos hasta dónde va a llegar esta colaboración. Aquí, la oposición del Gobierno pidió explicaciones y no se aportó nada". Ni siquiera disculpas La madre lamenta que Israel no haya tenido la delicadeza de dirigirle ni siquiera unas disculpas a la familia. "A mí no han enviado ni pésame ni nada. No sé a mi nuera pero yo les escribí a través de una red social. Les dije que yo sí sentía lo que les había pasado a sus soldados. Pero les dije que ellos no habían tenido piedad en el bombardeo de mi hijo". Sobre la indemnización de 200.000 euros, que se suma a otra de unos 140.000 euros del Gobierno español por estos hechos, con cargo a su viuda e hija, Margarita defiende que hay muchas otras víctimas que están desamparadas. "No sé quién le pone precio a lo de mi hijo pero estaba en servicio humanitario, reitero. Por tanto es un asesinato y no me cansaré de decirlo. Ya que el Ejército no pide que se reconozca. Quiero que sienten en un banquillo a los autores como se sienta una infanta. Y lo hago también por los que siguen allí y pueda pasarles lo mismo", arguye. En este sentido, la madre del Cabo Soria mantiene que los israelíes querían hacer una "masacre" y que tras la torre que defendía su hijo había una mezquita. "No fue un error. Sus compañeros como todo buen militar callan. Ellos pensaron que estaban bombardeando otro lugar. El sanitario que trató de atenderlo, aunque ya estaba muerto, no pudo subir a verlo por las bombas que seguían cayendo. Si hubiera estado vivo hubiera perecido igual", lamenta. Pese a todo, Toledo salva cualquier responsabilidad de la muerte de su hijo al ejercito español pese a que destapa que estaba allí por segunda vez y sólo 15.000 euros al año, "y muy feliz de ayudar a una tierra que amaba", termina.

lunes, 8 de febrero de 2016

OTRA JUBILACION POLITICA DE ORO.....¿ HASTA CUANDO ?

Trinidad Jiménez› Sánchez dice que Telefónica ficha a Trinidad Jiménez como “trabajadora” El líder del PSOE justifica que no es "en ningún Consejo de Administración ni nada que tenga que ver con eso" Otros Guardar Enviar por correo Imprimir EFE 8 FEB 2016 - 18:45 CET Trinidad Jiménez, en una imagen de archivo./ LUIS SEVILLANO | ATLAS El líder del PSOE y candidato a presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha defendido la próxima incorporación de la exministra Trinidad Jiménez a Telefónica, porque "no es a ningún Consejo de Administración ni nada que tenga que ver con eso", ha dicho, sino que es "como una trabajadora en la compañía" Sánchez ha explicado, en una entrevista en RNE, que ella misma se lo dijo después de las elecciones del 20 de diciembre y que él lo "respeta". Los rumores de entrada de Jiménez en Telefónica causaron cierto revuelo en la campaña electoral. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, aseguró durante el debate electoral organizado por EL PAÍS que la exministra estaba en Consejo de Administración de Telefónica. No era así. Publicidad Sánchez ha explicado esta mañana, en una entrevista en RNE, que Jiménez le dijo después de las elecciones del 20 de diciembre que iría a la empresa como empleada, no como consejera, y que él lo "respeta". A su juicio, no se trata de ningún caso de "puerta giratoria", ha sostenido, tras recordar que la ley fija en dos años el periodo durante el cual un miembro del gobierno no puede trabajar en la empresa privada, "y ella lleva más de cuatro años sin ser ministra". Telefónica ha declinado hacer comentarios sobre la incorporación de Jiménez. Sánchez además ha avanzado que en el programa de gobierno que hoy trasladará a todas las formaciones políticas con las que aspira a llegar a acuerdos que le permitan formar gobierno propone ampliar a cinco años ese periodo. El líder del PSOE ha subrayado además que Trinidad Jiménez es una persona "decente" y "transparente", que ha sido "ejemplar en su compromiso con el servicio público", y le ha deseado "la mejor de las suertes".

sábado, 6 de febrero de 2016

COMO AHORRAR ENERGIA EN LA ILUMINACION

MIS AHORROS› La (ardua) tarea de elegir la bombilla perfecta y ahorrar Con la extensa variedad de productos que ofrece el mercado, no es fácil acertar a la primera Otros Guardar Enviar por correo Imprimir Laura Delle Femmine Madrid - 6 FEB 2016 - 11:43 CET Bombilla LED en el Las Vegas Convention Center. Bombilla LED en el Las Vegas Convention Center. /D. Becker Getty Images MAS INFORMACIÓN Así es como malgastas energía (y dinero) en la cocina ¿Quieres pagar menos en luz? Tres trucos para rebajar tu recibo Así funciona la nueva factura eléctrica Comienzan las tarifas por horas ¿Cuándo es hoy más barata la luz? Diez preguntas que te harás antes de cambiarte de compañía eléctrica ¿A qué hora tenemos que poner la lavadora con la nueva tarifa de luz? ¿LED? ¿Fluorescentes? ¿Cuántos vatios? ¿De qué color? Elegir una bombilla, una de esas tareas que parece de lo más sencilla y rutinaria posible, se puede convertir fácilmente en un incordio. ¿Cuántas veces, al cambiar la iluminación de nuestra casa, hemos quedado insatisfechos con el resultado? Las razones son variadas: porque el alumbrado no es suficiente, porque la luz es muy fuerte, porque resulta demasiado fría o cálida. O porque simplemente no nos gusta el efecto, sin saber por qué y en qué nos hemos equivocado. “Hay que buscar una luz adecuada para cada momento y sitio, pero muchas veces el consumidor no sabe elegir”, lamenta Alfredo Berges, director general de la Asociación Española de Fabricantes de Iluminación (Anfalum). Algo que no sorprende: con la extensa variedad de productos y especificaciones disponibles en el mercado, no es fácil acertar a la primera. Lo que sí es muy intuitivo es darse cuenta cuando algo falla. “El ojo humano no distingue, pero compara muy bien”, asegura Berges. De las bombillas incandescentes al LED La Unión Europea ha eliminado paulatinamente las bombillas incandescentes de toda la vida, hasta prohibirlas definitivamente en 2012. “Ahora está en boga el LED, pero también hay compactos fluorescentes (CFL o bombillas de bajo consumo) y halógenas eficientes”, resume Berges. El problema de la invención de Thomas Alva Edison es que era tan genial como ineficiente: la mayor parte de la energía producida se desperdiciaba en calor, mientras solo una mínima parte residual generaba luz —un 5%, de acuerdo con el Instituto para la Diversificación y el Desarrollo Energético (IDAE)—. Sin considerar que su vida útil era muy reducida: unas 1.000 horas, que para una bombilla que funcione durante cuatro horas diarias se traduce en menos de un año. El color de la luz se mide a través de grados Kelvin; a menos grados, más cálida la iluminación Su sucesora, la lámpara halógena, funciona de la misma manera —un filamento metálico que se calienta al pasaje de la corriente eléctrica—, pero gasta menos y dura algo más, unas 3.000 horas. Las fluorescentes compactas, por otro lado, generan luz a través de un gas luminiscente y garantizan la misma prestación luminosa con menor consumo —un ahorro de un 80% respecto a las convencionales y una vida útil de entre seis y diez años, de acuerdo con los datos de la Unión Europea—. Pero es el LED (por su sigla en inglés Lighting Emitting Diode) el verdadero campeón en eficiencia: el ratio entre luz y calor se invierte y más de un 90% de la energía utilizada se trasforma en iluminación. Al tocarlo, nunca nos vamos a quemar, porque funciona con materiales semiconductores (diodos) que se iluminan al paso de la energía. “Un LED de buena calidad puede tener una vida útil de hasta 50.000 horas”, asegura Adolfo Carvajal, director general de la Asociación Española de la Industria LED (AniLED). El ahorro respecto a una incandescente se sitúa entre un 80% y un 90%. No confundas la luz con la potencia “Resulta importantísimo aclarar la idea equivocada, pero muy extendida, de asociar la luz que proporciona una bombilla con la cantidad de electricidad necesaria para producirla”, señala IDAE en su último informe sobre consumo eficiente. Con las bombillias tradicionales, a más vatios (W) se asociaba más luz. En realidad, el vatio indica la potencia, mientras la luz tiene su propia unidad de medida, el lumen (lm). De eso va la eficiencia: ofrecer la misma prestación con menor consumo. Correspondencia entre vatios y lúmenes según bombilla. Correspondencia entre vatios y lúmenes según bombilla. /AniLED y Fenercom Para hacer un ejemplo, la luz de una bombilla incandescente de 75 W se corresponde a unos 1.100 lúmenes. Para obtener la misma prestación luminosa, un LED usa 14 vatios y una fluorescente 20. Pero lo más importante, antes de comprar, es saber de antemano qué es lo que queremos. “Cuando se planifica el consumo en el hogar hay que sentarse con lápiz y papel y que no sea lo último”, recomienda Berges. En general, en las zonas de lectura o de trabajo, como la cocina o el estudio, necesitaremos más intensidad luminosa (más lúmenes) que en un pasillo o en los dormitorios. “Pero es una cuestión muy subjetiva”, matiza Carvajal. El color, en grados El color de la luz emitida se mide a través de grados Kelvin (K). A menos grados, más cálida la iluminación y por ende más relajante y adecuada a estancias como el salón o el dormitorio. Hasta los 3.000 K el tono es cálido, de 3.500 a 4.500 es neutro y de ahí para arriba es frío. La guía elaborada por AniLED y la Fundación de la Energía de la Comunidad de Madrid (Fenercom) recomienda menos de 3.000 K en el salón, la entrada o el dormitorio, unos 4.000 K en el baño y en la iluminación exterior y más de 4.000 K en el estudio y la cocina. Color de la iluminación según la temperatura en grados Kelvin. Color de la iluminación según la temperatura en grados Kelvin. /AniLED y Fenercom Aunque la iluminación que más se acerca a la luz solar es la de la bombilla incandescente, por su escasa eficiencia no es recomendable utilizar una halógena en una estancia donde se necesite iluminación artificial durante muchas horas al día. Este producto, que emite una luz muy brillante, puede ser indicado para alumbrar un sitio específico, como un objeto en una estantería; la fluorescente compacta, por otro lado, es muy eficiente pero tarda en calentarse y dar su máximo resultado. El LED, por otro lado, se enciende de manera instantánea y va mejorando cada vez más su rendimiento cromático. ¿Cuánto gastan las bombillas? Para calcular cómo afecta a nuestro bolsillo la elección de una u otra bombilla, sí que hay que mirar los vatios. Y dejar de pensar que la iluminación representa un pequeño capítulo de gasto en el recibo: este apartado copa casi un quinto del consumo energético de un hogar, de acuerdo con los datos de IDAE. El cálculo empieza por convertir los vatios (W) en kilovatios (kW), dividiendo los primeros entre 1.000. Si tenemos un LED de 14 W —más o menos equivalente a una incandescente de 75 W en cuanto a prestación luminosa—, la conversión nos dará 0,014 kW. Ahora hay que multiplicar este resultado por el número de horas en las que la bombilla va a estar encendida, ya que el precio de la electricidad se expresa en kW-hora (kWh). Si fueran dos al día, es decir 730 al año, obtendríamos 10,22 kWh. Esta cantidad se multiplica por 0,241 euros, el precio medio del kWh durante 2015 para la tarifa regulada —impuestos incluidos—, según las estimaciones de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). El resultado: 2,46 euros al año. Si tenemos 20 bombillas del mismo tipo, serían 49,26 euros, unos 4,10 al mes. Si repetimos la misma operación con un fluorescente compacto —de 20 W para obtener el mismo alumbrado—, la cuenta saldría algo más cara: 70,37 euros al año. Con una tradicional (75 W) el resultado alcanzaría los 263,89 euros. Respecto a una tradicional, el LED permite entonces ahorrar más de 214 euros al año, y una fluorescente 193,5 euros. Evolución del precio de la electricidad entre 2011 y 2015. Evolución del precio de la electricidad entre 2011 y 2015. /CNMC Es evidente que el ahorro brindado por el LED es relevante, pero no es oro todo lo que reluce. La pega de este producto es el precio: si un LED de buena calidad vale, en media, unos 10 euros, un fluorescente cuesta la mitad y también garantiza una muy buena eficiencia energética. “Recomiendo sustituir con LED todo lo que sea incandescente, que se amortiza en un año, pero hay que ver si merece la pena cambiar también las bombillas fluorescentes”, confirma Carvajal. Aunque el precio del LED haya bajado en un 40% desde 2010 hasta la fecha, asegura Berges, el consumo doméstico todavía tira de otros modelos: de los 120 millones de unidades vendidas en 2015, 38 se correspondieron a LED y 77 a otros productos, detalla la patronal. El margen para crecer, sin embargo, es todavía muy amplio. La misma Unión Europea prevé liquidar todas las bombillas contaminantes e ineficientes para reemplazarlas con LED —en 2018 se dejarán de vender los halógenos con clasificación energética más baja; las fluorescentes, por otro lado, contienen mercurio, un elemento muy tóxico— . “Rara vez existe en un mercado una tecnología [LED] que genere tantas ventajas y que sea capaz de auto-amortizarse con el ahorro que se obtiene aplicándola”, concluye Carvajal. La segunda vida de la luz Una de las razones por las que la regulación quiere poner coto al tipo de bombillas comercializadas dentro de sus fronteras son los residuos. “Las bombillas fluorescentes contienen mercurio, un tóxico muy importante”, explica David Horcajada, director de marketing de Ambilamp, asociación que se dedica a reciclar lámparas y luminarias. “Si tiras una bombilla no pasa nada; si tiras muchas sí que puede hacer un daño, además de del vidrio que genera CO2”. Ambilamp ha reciclado casi 120 millones de unidades desde 2007, evitando así la emisión de más de un millón de toneladas de CO2, explica Horcajada. Las diferentes partes de las bombillas tienen diferentes destinos: el plástico se lleva a plantas de reciclaje y se convierte, por ejemplo, en perchas; los metales se funden; el vidrio se puede emplear para fabricar nuevas bombillas o se mezcla con cerámicas o asfalto; los metales contenidos en los LED, muy valiosos, se usan para otras bombillas, móviles u ordenadores. El mercurio de las fluorescentes, por otro lado, se almacena en condiciones de seguridad, al no poder ser transportado. “Hemos pasado de no reciclar ninguna bombilla al 50%”, asegura Horcajada, pero recuerda que casi el 60% de la iluminación está en lugares profesionales, y no entre las paredes domésticas. “En el último análisis vimos que cada hogar tenía una media de dos bombillas fundidas en un cajón. Tenemos 3.000 contenedores en toda España, básicamente en sitios donde se vende este producto, como las ferreterías. Con llevarlas ahí es suficiente”, concluye.