domingo, 26 de septiembre de 2010

NOS QUIEREN CORTAR LAS DESCARGAS

DESCARGAS | 328 votos a favor y 245 en contra

El Informe Gallo, aprobado en Europa

El Parlamento Europeo ha aprobado la iniciativa conocida como Informe Gallo que servirá de hoja de ruta para los futuros debates en el seno de Europa sobre las medidas a adoptar contra los 'infractores' de material protegido por 'copyright'. Los europarlamentarios han aprobado la adopción del informe con 328 votos a favor y 245 en contra.

El Informe Gallo es sólo una iniciativa de carácter no legislativo. Funciona como consejo para todos los estados miembros de Europa y ofrece a los gobiernos locales y grupos de presión un trampolín para impulsar medidas contra la 'piratería' como el ACTA, considerada positiva por los autores del informe.

La iniciativa propuesta por Marielle Gallo, eurodiputada francesa por el partido del presidente de la república, Nicolas Sarkozy, ofrece consejos para "completar el marco legislativo e introducir un conjunto de medidas para combatir las 'infracciones' de propiedad intelectual". Además,promueve la "voluntaria" asociación entre los proveedores de servicios de Internet y los titulares de derechos de autor para actuaciones contra los infractores, como el caso de la Ley Hadopifrancesa.

Uno de los principales grupos opositores a este serie de medidas e iniciativas, La Quadrature du Net, animó a los internautas a actuar "antes de que sea demasiado tarde" y puso en marcha una campaña con la que pretendía ayudar a los usuarios a saber a quién y cómo debían dirigirse para protestar contra la iniciativa gala.

Sin embargo, una vez aprobado el informe, dan las gracias a todos los que participaron en ese "gran esfuerzo" y se lamentan por la aprobación de una "puñalada en la espalda a las libertades de los ciudadanos".

Según Jérémie Zimmermann, portavoz de la plataforma, el Informe Gallo "es una ilustración de la voluntad de la industria del entretenimiento deintentar imponer una policía del 'copyright' privada". Asimismo, añade que "conspiraciones represivas" como la política de tres avisos y otras restricciones al acceso a Internet "niegan derechos fundamentales, como el derecho a un juicio justo, la libertad de expresión o el derecho a la privacidad".

Además, Zimmermann explica que este tipo de medidas "han resultadoser un fracaso técnico y político".

Por otro lado, el eurodiputado David Hammerstein escribía en julio en su blog en contra de este informe en el que "el usuario es un delincuente a priori y lo único que importa defender son los intereses de los gestores (como si la cultura fuese a desaparecer si los actuales gestores lo hicieran)".

La Asociación de Internautas (AI) española, por su parte, se ha manifestado en contra del informe que "defiende modelos de negocio gastados y no a los creadores, negándose a abordar el tema de los nuevos modelos de negocio y las nuevas formas de concebir el derecho de autor".

"Por primera vez en la historia de la humanidad se dispone de tecnología capaz de garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso al conocimiento y sería una irresponsabilidad no hacerlo", manifestó la AI.

jueves, 9 de septiembre de 2010

COMO CONSIGUIO LEONARDO LA PERFECCION


¿Como consiguió Leonardo da Vinci pintar rostros tan perfectos como el de Mona Lisa o el de San Juan Bautista? Es la pregunta que se ha hecho un equipo de investigadores del Centro Nacional francés de Investigación Científica (CNRS). Para responderla, han analizado con fluorescencia de rayos X siete lienzos sin moverlos de su ubicación habitual (en el Museo del Louvre) ni extraer fragmentos: La Virgen de las Rocas, Gioconda, San Juan Bautista, La Anunciación, Baco, La Belle Ferronière y La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana son los cuadros estudiados.

Según revelan los análisis, Da Vinci utilizaba sutiles efectos ópticos para emborronar los contornos, suavizar las transiciones y combinar las sombras a través del famoso
sfumato. Además, el estudio revela que para lograr las sombras en las caras el pintor creó finísimas capas de veladuras translúcida. Da Vinci debió de aplicar capas de tan sólo uno o dos micrómetros para conseguir un grosor no superior a los 40 micrómetros.

martes, 7 de septiembre de 2010

VENECIA


Sea en góndola o en lancha cerrar los ojos no es fácil en el paseo o movilidad. Son tantas las edificaciones preciosas que tal parecen surgir de las aguas que dan miedo hasta pestañar no vaya a ser cosa que en ese instante deje de ver algo. Muchos de los palacios y catedrales de Venecia son de la era del renacimiento. Santa Maria della Salute, próxima al Canal Grande, fue construida en el siglo XVII. Así son muchos los edificios, obras maestras únicas de nuestra civilización. Sólo uno de ellos sería el orgullo de cualquier ciudad del mundo. Como no sabemos si el camino nos volverá a llevar hasta esta encantadora ciudad y la cámara ya no puede tirar más fotos, tratamos de al menos ver lo más posible para siempre recordar los momentos y bellezas que esta ciudad le permite al visitante disfrutar.

domingo, 29 de agosto de 2010

RUINAS DE EFESO


Kusadasi que significa "Isla del pájaro", se localiza en un golfo magnífico y se conoce por su agua chispeante, amplias playas arenosas y su puerto grande con la capacidad de 600 barcos.

Esta isla es llamada así debido a la pequeña isla que se ve enfrente de ella. Cuando uno piensa en Kusadasi, piensa en el mar. Kusadasi significa en turco Isla de los Pájaros. La ciudad esta localizada a una distancia a pie de puerto. Se ha transformado a través de los años en un paraíso de negocios con grandes compras. Alrededor del puerto de Kusadasi se encuentran infinidad de tiendas y comercios de venta de artesanía, alfombras, cuero y zapatería, textil, etc., y donde el turista deberá hacer buena compra a base de "regatear" en el precio con los vendedores. Desde la floreciente ciudad de Kusadasi, viajando por la costa y adentrándose en el campo hasta llegar a Efeso, famosa en el mundo antiguo por su Templo de Diana, una de las Siete Maravillas de la Antigüedad, que fue más tarde morada de San Juan. Al llegar a Efeso se entra en el lugar arqueológico a través de la Puerta de Maganesia, y se descubren innumerables monumentos, entre los que destacan el Foro, el Odeón, la Biblioteca de Celso, las Termas de Escolástica y el Gran Teatro, construido en la época griega y más tarde reconstruido en el Periodo Romano. A mediodía regresamos al barco, para continuar con nuestro itinerario y relajarnos un poco y a continuación almorzar a bordo, ya que por la tarde teníamos prevista otra visita, en este caso la Isla de Patmos.

lunes, 9 de agosto de 2010

EL RELOJ MAS ANTIGUO DE EUROPA

CULTURA

Viaje al interior del reloj de Praga

El reloj astronómico de Praga, el más antiguo de Europa en su estilo, cumple 600 años. Un icono para los checos y los turistas. Lo visitamos con su cuidador

Día 08/08/2010 - 17.22h
El reloj astronómico de Praga, el más antiguo de su estilo en Europa, celebra en 2010 un cumpleaños muy especial. Seiscientos años contemplan a este «reloj de la vida», prodigio de la técnica medieval, identificable siempre por el número de personas reunidas a sus pies cuando se activa el mecanismo que hace danzar a sus figuras. Toda una alegoría del tiempo y de lo efímero de la vida en la plaza de la Ciudad Vieja, la más bella de la capital checa.
Desde hace un año, Petr Skala, maestro relojero y restaurador, cuida por la salud de esta maravillosa joya mecánica que habla del gusto checo por estos ingenios. Skala, que tiene en la actualidad 63 años y vive en un pueblo de las afueras de Praga llamado Sadska, sigue con minuciosidad a través de internet y de un ordenador en su oficina la buena marcha del reloj. Escucha detenidamente sus sonidos, que conoce a la perfección, y cada viernes se presenta en Starometské Námesti para examinar su estado «in situ» y comprobar que las palomas no han penetrado en su red protectora.
Skala, que aceptó el trabajo no por su remuneración económica sino por el significado de este gran símbolo praguense, nos guía a través de las tripas de este reloj construido en 1410 entre las dos columnas principales que soportan la torre del Ayuntamiento (1363). Una estrecha escalera en forma de caracol conduce al habitáculo trasero donde se encuentra instalada la maquinaria original. El desconocido espacio es minúsculo, casi agobiante, pero Skala se mueve como si fuera su «pequeño reino». «Al iniciar mi trabajo aquí -comenta- lo primero que tuve que comprender fue todo el sistema del reloj y su funcionamiento no me pareció complicado. Sí me resultó maravilloso comprobar que la maquinaria era la original porque todos los relojes próximos a esta época han tenido que ser renovados en otros países. Por eso yo respeto profundamente esta máquina, pues atesora la gran historia de la ciudad, de la tierra checa, e incluso la de otros pueblos europeos que en determinados momentos dejaron un poso importante en este lugar».
Para Skala la máquina medieval «guarda el alma de Praga y de la época mágica de Carlos IV. Muchas veces subestimamos la Edad Media, pero está claro que tenían grandes conocimientos técnicos y por eso pudieron hacer una maravilla como ésta. Y lo digo no solo por su maquinaria sino también por el astrolabio, fascinante en una época anterior a Kepler, donde todavía no primaba la teoría heliocéntrica. Hoy, en pleno siglo XXI, todos los datos que nos ofrece el reloj astronómico son correctos».
Como queda dicho, el origen del reloj -«Orloj» lo llaman los checos-, se remonta a 1410 gracias al ingenio del maestro relojero Nicolás de Kadán. Sin embargo, una leyenda cruel y muy popular durante siglos sobre su construcción le arrebató de alguna manera la autoría que se adjudicaba a otro maestro: Hanus Ruze. La leyenda aseguraba que el impacto de las alabanzas suscitadas por el reloj había alcanzado a otros países de Centroeuropa, y las autoridades de Praga, temerosas de que Hanus repitiera su obra lejos de Bohemia, lo habían dejado ciego. En realidad, Hanus no perdió la visión y realizó todo tipo de trabajos de restauración a finales del siglo XV, aunque sí parece que el reloj no funcionó bien hasta que fue reparado en 1570. Ya en el siglo XX unos documentos descubiertos en 1962 acreditaron que su construcción llevaba la firma de Nicolás de Kadán y que en premio a su afamado trabajo recibió del Ayuntamiento una casa en propiedad en la ciudad.
Subiendo por una escalera de cuarenta centímetros de anchura y casi pegada en vertical a la pared escalamos tras el señor Skala por el pequeño universo del «Orloj». Tres metros más arriba, y después de subir una trampilla, el maestro nos introduce en el escenario interior donde descansan y luego desfilan los doce apóstoles. No caben más de tres personas en este reducido espacio lleno de magia. Skala posa con las figuras de madera -como si se tratara de «sus» marionetas- mientras mira el reloj de pulsera de su muñeca izquierda y nos avisa que quedan cinco minutos para que la representación comience. Pedro, Judas Tadeas, Andrés, Matías, Santiago, Felipe, Tomás, Pablo, Juan, Simón, Barnabás y Bartolomé salen de su encierro, con la exactitud prevista por el maestro, ante la nube de turistas apostados frente a la cara sur de la torre, una vez que la Muerte, figura representada por una calavera en la fachada, toca su campana y se invierte el reloj de arena.
El desfile de los apóstoles
«Para mí no hay ninguna figura que tenga un significado especial -afirma Skala-. Se dice que los apóstoles ya estaban aquí en la Edad Media pero yo pienso que existen en la torre desde 1865. Las actuales figuras son posteriores a 1945, ya que el 8 de mayo de ese año se produjo un incendio que dañó todo el edificio. Estas figuras fueron realizadas por el escultor Vojtech Suchard».
Skala apunta otra teoría sobre los apóstoles que sitúa su presencia en el reloj entre 1820 y 1865. «Dicen que entonces sólo desfilaban a las doce de la mañana -hoy su horario oficial es de 8 a 21 horas- pero lo único cierto es que ellos son los que le dan el alma y la vida al reloj. La maquinaria y el propio reloj astronómico tienen mucho más valor, pero esas figuras le han dado la popularidad y todo el mundo en Praga lo llama el reloj de los apóstoles».
Y es que la obligación de todo turista de visita en Praga es posar bajo el reloj astronómico y hacerse una fotografía desde que se inicia el desfile hasta que la función termina con el canto del gallo. Novios en vísperas de boda, grupos o simplemente turistas sedientos de buscar una promesa para volver a esta bella ciudad se apelmazan ante esta torre armados con sus cámaras de fotos. Los propios praguenses también lo hacen de manera más discreta e incluso «premian» a sus niños cuando se portan bien o tienen buenas notas llevándoles ante el reloj para ver la procesión de las figuras.
Petr Skala se despide augurando «otros seiscientos años» a su reloj. «Su salud es perfecta. Sólo existe un proyecto para realizar una restauración más seria dentro de uno o dos años», acaba diciendo mientras abandona su lugar de trabajo, presidido por la torre del Ayuntamiento y las bellas casas burguesas y palacios de la Plaza de la Ciudad Vieja en el corazón de Praga.

Detalles del reloj

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domingo, 11 de abril de 2010

CONMEMORACIONES DE ATROCIDADES

El archipiélago del horror nazi
El 11 de abril de 1945 –hace pues sesenta y cinco años– hacia las cinco de la tarde, un
jeep del Ejército americano se presenta a la entrada del campo de concentración de
Buchenwald.
Dos hombres bajan del jeep.
De uno de ellos no se sabe gran cosa. Los documentos asequibles son poco explícitos.
Está establecido, en todo caso, que se trata de un civil. Pero, ¿por qué estaba allí, a la
vanguardia de la Sexta División Acorazada del Tercer Ejército norteamericano del
general Patton? ¿Qué profesión ejerce? ¿Cuál es su misión? ¿Es acaso periodista? ¿O,
más probablemente, experto o consejero civil de algún organismo militar de
inteligencia?
No se sabe a ciencia cierta.
Está allí, sin embargo, presente, a las cinco de la tarde de un día memorable, ante la
puerta de entrada monumental del campo de concentración. Está allí, acompañando al
segundo tripulante del jeep.
Éste sí está identificado: es un teniente, mejor aún, un Primer Teniente, un oficial de
inteligencia militar asignado a la Unidad de Guerra Psicológica del Estado Mayor del
general Omar N. Bradley.
Tampoco sabemos lo que pensaron los dos americanos al bajarse del jeep y contemplar
la inscripción en letras de hierro forjado que se encuentra en la verja del portal de
Buchenwald: Jeden das Seine.
No sabemos si tuvieron tiempo de tomar nota mentalmente de tamaño cinismo, criminal
y arrogante. ¡Una sentencia que alude a la igualdad entre seres humanos, a la entrada de
un campo de concentración, lugar mortífero, lugar consagrado a la injusticia más
arbitraria y brutal, donde sólo existía para los deportados la igualdad ante la muerte!
El mismo cinismo se expresaba en la sentencia inscrita en el portal de Auschwitz:
Arbeit macht frei. Un cinismo característico de la mentalidad nazi.
No sabemos lo que pensaron los dos americanos en aquel histórico momento. Pero sí
sabemos que fueron acogidos con júbilo y aplauso por los deportados en armas que
montaban la guardia ante la entrada de Buchenwald. Sabemos que fueron festejados
como libertadores. Y lo eran, en efecto.
No sabemos lo que pensaron, no sabemos casi nada de sus biografías, de su historia
personal, de sus gustos o disgustos, de su entorno familiar, de sus años universitarios, si
es que los tuvieron.
Pero sabemos sus nombres.
El civil se llamaba Egon W. Fleck y el primer teniente Edward A. Tenenbaum.
Repitamos aquí, en el Appeliplatz de Buchenwald, sesenta y cinco años después, en este
espacio dramático, esos dos nombres olvidados e ilustres: Fleck y Tenenbaum.
Aquí, donde resonaba la voz gutural, malhumorada, agresiva, del Rapportführer todos
los días de la semana, repartiendo órdenes o insultos; aquí donde resonaba también, por
el circuito de altavoces, algunas tardes de domingo, la voz sensual y cálida de Zarah
Leander, con sus sempiternas cancioncitas de amor, aquí vamos a repetir en voz alta, a
voz en grito si fuera necesario, aquellos dos nombres.
Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum.
Así, maravillosa ironía de la historia, increíble revancha significativa, los dos primeros
americanos que llegan a la entrada de Buchenwald, aquel 11 de abril de 1945, con el
Ejército de la liberación, son dos combatientes judíos. Y por si fuera poco, dos judíos
americanos de filiación germánica, más o menos reciente.
Ya sabemos, pero no es inútil repetirlo, que en la guerra imperialista de agresión que
desencadena en 1939 el nacionalsocialismo, y que aspira al establecimiento de una
hegemonía totalitaria en Europa, y acaso en el mundo entero, ya sabemos que en dicha
guerra, el propósito constante y consecuente de exterminar al pueblo judío constituye un
objetivo esencial, localmente prioritario, entre los fines de guerra de Hitler.
Sin tapujos ni concesiones a ninguna restricción mortal, el antisemitismo racial forma
parte del código genético de la ideología del nazismo, desde los primeros escritos de
Hitler, desde sus primerísimas actividades políticas.
Para la llamada solución final de la cuestión judía en Europa, el nazismo organiza el
exterminio sistemático en el archipiélago de campos especiales del conjunto Auschwitz-
Birkenau, en Polonia.
Buchenwald no forma parte de dicho archipiélago. No es un campo de exterminio
directo, con selección permanente para el envío a las cámaras de gas. Es un campo de
trabajo forzado, sin cámaras de gas. La muerte, en Buchenwald, es producto natural y
previsible de la dureza de las condiciones de trabajo, de la desnutrición sistemática.
Como consecuencia, Buchenwald es un campo judenrein.
Sin embargo, por razones históricas concretas, Buchenwald conoce dos periodos
diferentes de presencia masiva de deportados judíos.
Uno de esos periodos se sitúa en los primeros años de existencia del campo, cuando,
después de la Noche de Cristal y del pogrom general organizado, en noviembre de 1938,
por Hitler y Goebbels personalmente, miles de judíos de Frankfurt, en particular, son
enviados a Buchenwald.
En 1944, los veteranos comunistas alemanes se acordaban todavía de la mortífera
brutalidad con que fueron maltratados y asesinados a mansalva, masivamente, aquellos
judíos de Frankfurt, cuyos supervivientes fueron luego enviados a los campos de
exterminio del Este.
El segundo periodo de presencia judía en Buchenwald se sitúa en 1945, hacia finales de
la guerra, en los meses de febrero y de marzo concretamente. En aquel momento,
decenas de miles de supervivientes judíos de los campos del Este fueron evacuados
hacia Alemania central por el SS, ante el avance del Ejército Rojo.
A Buchenwald llegaron miles de deportados escuálidos, transportados en condiciones
inhumanas, en pleno invierno, desde la lejana Polonia. Muchos murieron durante un
viaje interminable. Los que consiguieron alcanzar Buchenwald, ya sobrepoblados,
fueron instalados en los barracones del kleine Lager, el campo de cuarentena, o en
tiendas de campaña y carpas especialmente montadas para su precario alojamiento.
Entre aquellos miles de judíos llegados por entonces a Buchenwald, y que nos aportaron
información directa, testimonio vivo y sangrante del proceso industrial, salvajemente
racionalizado, del exterminio masivo en las cámaras de gas, entre aquellos miles de
judíos había muchos niños y jóvenes adolescentes.
La organización clandestina antifascista de Buchenwald hizo lo posible para venir en
ayuda de los niños y adolescentes judíos supervivientes de Auschwitz. No era mucho,
pero era arriesgado: fue un gesto importante de solidaridad, de fraternidad.
Entre aquellos adolescentes judíos se encontraba Elie Wiesel, futuro premio Nobel de la
Paz. Se encontraba también Imre Kertesz, futuro premio Nobel de Literatura.
Cuando el presidente Barack Obama, hace unos meses, visitó Buchenwald, le
acompañaba Elie Wiesel, hoy ciudadano americano. Se puede suponer que Wiesel
aprovechó aquella ocasión para informar al presidente de EE UU de la experiencia de
aquel pasado imborrable, de su experiencia personal de adolescente judío en
Buchenwald.
En cualquier caso, me parece oportuno recordar aquí, en este momento solemne, en este
lugar histórico, la experiencia de aquellos niños y adolescentes judíos, supervivientes
del campo de Auschwitz, último círculo del infierno nazi. Recordar tanto a los que se
hicieron célebres, como Kertesz y Wiesel, por su talento literario y su actividad pública,
como a aquellos que permanecieron, sencillos héroes, en el anonimato de la historia.
Además, no es ésta mala ocasión para subrayar un hecho que se perfila inevitablemente
en el horizonte de nuestro porvenir.
Como ya dije hace cinco años, en el Teatro Nacional de Weimar, “la memoria más
longeva de los campos nazis será la memoria judía. Y ésta, por otra parte, no se limita
la experiencia de Auschwitz o de Birkenau, Y es que, en enero de 1945, ante el avance
del Ejército soviético, miles y miles de deportados judíos fueron evacuados hacia los
campos de concentración de Alemania central.
Así, en la memoria de los niños y adolescentes judíos que seguramente sobrevivirán
todavía en 2015, es posible que perdure una imagen global del exterminio, una reflexión
universalista. Esto es posible y pienso que hasta deseable: en este sentido, pues, una
gran responsabilidad incumbe a la memoria judía… Todas las memorias europeas de la
resistencia y del sufrimiento sólo tendrán, como último refugio y baluarte, dentro de
diez años, a la memoria judía del exterminio. La más antigua memoria de aquella vida,
ya que fue, precisamente, la más joven vivencia de la muerte”.
Pero volvamos un momento al día del 11 de abril de 1945. Volvamos al momento en
que Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum detienen su jeep ante el portal de
Buchenwald.
Probablemente, si tuviera muchos años menos, acometería ahora una indagación
histórica, una investigación novelesca acerca de estos dos personajes, investigación que
abriría el camino de un libro sobre aquel 11 de abril de hace más de medio siglo, un
trabajo literario en el cual ficción y realidad se apoyarían y enriquecerían mutuamente.
Pero no me queda tiempo para semejante aventura.
Me limitaré pues a recordar algunas frases del informe preliminar que Fleck y
Tenenbaum redactaron dos semanas después, el 24 de abril exactamente, para sus
mandos militares, informe que consta en los Archivos Nacionales de EE UU.
“Al desembocar en la carretera principal”, escriben los dos americanos, “vimos a miles
de hombres, harapientos y de aspecto famélico, en marcha hacia el Este, en formaciones
disciplinadas. Estos hombres iban armados y tenían jefes que los encuadraban. Algunos
destacamentos portaban fusiles alemanes. Otros llevaban al hombro “panzerfausts”. Se
reían y hacían gestos de furiosa alegría mientras caminaban… Eran los deportados de
Buchenwald, en marcha hacia el combate, mientras nuestros tanques los rebasaban a 50
kilómetros por hora…”
Este informe preliminar es importante por varias razones. En primerísimo lugar, porque
los dos americanos, testigos imparciales, confirman rotundamente la realidad de la
insurrección armada, organizada por la Resistencia antifascista de Buchenwald, y que
fue motivo de polémica en los tiempos de la guerra fría.
Lo más importante, sin embargo, al menos para mí, desde un punto de vista humano y
literario, es una palabra de este informe: la palabra alemana panzerfaust.
Fleck y Tenenbaum, en efecto, escriben su informe en inglés, como es lógico. Pero
cuando se refieren al arma individual antitanque, que se denomina bazooka en casi
todos los idiomas del mundo, y en todo caso en inglés, recurren a la palabra alemana.
Lo cual hace pensar que Fleck y Tenenbaum, el civil y el militar, son americanos de
reciente filiación germánica. Y esto abre un nuevo capítulo de la investigación
novelesca que me apetecería acometer.
Pero hay otra razón, más personal, que me hace importante la palabra panzerfaust, o
sea, literalmente, “puño antitanque”. Y es que yo estaba, aquel día de abril de 1945, en
la columna en marcha hacia Weimar, aquella columna de hombres armados,
furiosamente alegre. Yo estaba entre los portadores de bazookas.
El deportado 44904, con en el pecho el triángulo rojo estampado en negro con la letra
“S”, de Spanier, español, ése era yo, entre los jubilosos portadores de bazooka o
panzerfaust.
Hoy, tantos años después, en este dramático espacio del Appeliplatz de Buchenwald. En
la frontera última de una vida de certidumbres destruidas, de ilusiones mantenidas
contra viento y marea, permítanme un recuerdo sereno y fraternal hacia aquel joven
portador de bazooka de 22 años.

domingo, 28 de febrero de 2010

¿QUÉ PASA CON LOS DESASTRES NATURALES?

Ayer, las fuerzas telúricas se derramaron por Chile como viene ocurriendo con pasmosa regularidad cada 25 años: Valdivia, 1960 (9,6 grados). San Antonio, 1985 (7,7 grados). Cauquenes, 2010 (8,5-8,8 grados). Aunque llegó de madrugada, no ha sido una sorpresa.Chile es un país acostumbrado a que la tierra se encabrite, se alce, gire y se vuelva loca. No hay un sitio de ese largo y angosto país donde la cicatriz tectónica no haya provocado una efusión de muertes.

Pero desde el horror de Chillán, en 1939, con sus 30.000 víctimas -un terremoto que el mundo ignoró porque estaba más ocupado matándose en guerras civiles y mundiales-, el país ha aprendido a luchar contra los seísmos. Exigentes normas constructivas, mejores materiales, unos servicios de emergencia eficaces (con unos bomberos que son voluntarios y que están entre los mejores del mundo), contribuyen a que este vals de la muerte con que Chile y la Naturaleza se citan cada cierto tiempo no sea más mortífero.

Pero nunca es suficiente. Chile invierte grandes cantidades en reforzar sus obras públicas, como hacen todos los países con importantes zonas sísmicas, pero no basta. Sorprende el gran número de infraestructuras modernas que han colapsado, en ciudades como Santiago, a 400 kilómetros del epicentro. Muchas han sido construidas por multinacionales españolas. El aeropuerto de Santiago, por ejemplo, está cerrado, con serios daños. La polémica está servida para los próximos días cuando se haga la autopsia al hormigón de las carreteras y los viaductos.

¿Cómo se puede vivir en un sitio así, donde cada equis años la Naturaleza te tumba los sueños de toda una vida en 60 segundos? Pues sólo se puede sobrevivir en la abnegación y la humildad. Con la conciencia de que hay fuerzas más poderosas que nuestra ambición humana y más importantes que el oropel de nuestros fuegos fatuos.

Ése es el mensaje que trae la Tierra a los chilenos cuando creen que han alcanzado una vida más fácil y mullida, cuando creen que sus sueños de ser un país desarrollado están al alcance de la mano.

uando el doble seísmo de 1960 devastó el país, la Fifa estuvo a punto de quitarle la organización de la Copa del Mundo de Fútbolde 1962 que le había concedido años antes. Entonces, se atribuye a un chileno ilustre, Julio Dittborn, las siguientes palabras que quedaron grabadas a fuego en el imaginario colectivo chileno: "Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo". Es verdad, ambicionamos todo, pero con lo único que se puede contar es con el talento humano, porque con esta Naturaleza salvaje no se juega.

miércoles, 20 de enero de 2010

PORQUE HAITÍ ES TAN POBRE

Haití, en concreto, tiene algunas desventajas físicas respecto de su vecino, la República Dominicana -menos lluvias, suelo más pobre, los ríos de las montañas dominicanas fluyen en su mayoría hacia el este...-. Sin embargo, los dos países, como escribe Jared Diamond en su extraordinario libroColapso. Cómo las sociedades eligen fracasar o sobrevivir, son el perfecto antídoto para el determinismo geográfico, el mejor ejemplo de cómo son las sociedades las que deciden el destino de un país.

Hagamos un poco de historia. Cuando Colón llega a La Española en 1492 se calcula que habitaban la isla medio millón de nativos, los taínos. Para su desgracia, tenían oro. En 1519 quedaban tan sólo unos 11.000. España tuvo que importar mano de obra esclava, pero pronto encontró lugares en el continente americano de mayor interés.

La negligencia española llevó a la ocupación francesa del tercio occidental de la isla para finales del siglo XVII. El cultivo intensivo de la caña de azúcar, acompañado de una salvaje deforestación y de pérdida de fertilidad del suelo, convirtió a Haití en la colonia más productiva de Francia en 1785. Para entonces, su población esclava ascendía a 700.000 personas, el 85% del total, frente a los 30.000 de la parte de la isla que seguía siendo española.

La rebelión de los esclavos haitianos y la Constitución de la primera república negra en enero de 1804 horrorizó al Occidente blanco. Las nuevas autoridades haitianas legislaron para que nunca se repitiera la tragedia de la esclavitud: no habría más plantaciones, sino pequeñas parcelas de tierra para la subsistencia de cada familia, y se prohibió el establecimiento y las inversiones de los extranjeros.

Al autoaislamiento se unió la exclusión. Haití era la encarnación de la peor pesadilla del colonialismo blanco. Como dice Ian Thomson, autor de Bonjour Blanc, a Journey Through Haiti, "se pensaba que los haitianos eran incapaces de gobernarse a sí mismos porque eran negros. Luego había que probar que eran ingobernables". EE UU, por ejemplo, sólo reconoció la independencia de Haití en 1862, en plena guerra civil. Pese a todo, la pequeña república era aún mucho más rica que su vecina, a la que invadió en varias ocasiones en el siglo XIX. Sin embargo, la República Dominicana contaba con algunas ventajas: no estaba superpoblada, sus habitantes hablaban español y no creole y eran de origen europeo, recibían bien a los hombres de negocios extranjeros y desarrollaron una economía de exportación.

Los países sufrieron inestabilidad política y administraciones atroces -en Haití, de 22 presidentes entre 1843 y 1915, 21 fueron asesinados o expulsados del poder; en la República Dominicana, entre 1844 y 1930 hubo 50 cambios de presidente- y la ocupación durante varias décadas por EE UU. Y después, el despotismo del clan Duvalier y el clan Trujillo. Dos dictaduras cleptómanas cuyas secuelas aún se pueden sentir. No hay maldición geográfica. La suerte de Haití se decidió mucho antes del terremoto de hace una semana.


domingo, 17 de enero de 2010

La frontera que separa la República Dominicana de Haití en la ciudad de Jimaní consiste en un portón metálico parecido al que hay en España en muchos garajes. El viernes por la noche unos soldados dominicanos lo abrían para que un autobús de socorristas de ese país lo atravesara en ayuda de los miles de heridos por el terremoto de Puerto Príncipe. En el lado haitiano de la frontera no había nadie. Tampoco había electricidad en las farolas y en ningún edificio. Tan sólo una extraña bombilla que colgaba de un dintel gracias a un generador y que no alumbraba nada ni a nadie. Pedro Sosa, un médico dominicano, comentó en voz alta, mientras el autobús se internaba por una carretera oscurísima, que seguramente todos los funcionarios habían huido hacia Puerto Príncipe para auxiliar a sus familias.
La anarquía impone su ley
El miedo a la violencia recorre Puerto Príncipe


La tragedia en los ojos de EL PAÍS
FOTOS - GORKA LEJARCEGI - 17-01-2010
Viva cinco días después. Una joven es rescatada con vida por un equipo de ayuda ruso cinco días después del terremoto que asoló Haití el pasado martes.- GORKA LEJARCEGI
La tragedia en los ojos de EL PAÍS - Viva cinco días después
La tragedia en los ojos de EL PAÍS - El descanso
La tragedia en los ojos de EL PAÍS - Un país en ruinas
La tragedia en los ojos de EL PAÍS - Llamas en el Palacio de Justicia
La tragedia en los ojos de EL PAÍS - Huérfanos y heridos
La tragedia en los ojos de EL PAÍS - Hospitales improvisados
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Haití
A FONDO
Capital:
Puerto Príncipe.
Gobierno:
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Población:
8,924,553 (est. 2008)
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El chófer conducía preocupado; decía que había bandidos en el camino
Hay mucha gente deambulando de un lado para otro, con la cara tapada
Poco después desapareció la cobertura de los teléfonos móviles. Hacía 20 kilómetros que el autobús avanzaba hacia Puerto Príncipe, convertida desde el martes en una ciudad aplastada e irreconocible.
En los márgenes de la carretera comenzaron a aparecer personas caminando sin destino aparente. En los miserables pueblos que cruzaba el camino había gente arremolinada en torno a una mesa alumbrada con una vela, sentada en sillas de plástico de bar. Una pareja de viejos jugaba a las damas a la luz de un cirio metido en un cubo para que alumbrase algo más.
A los 20 kilómetros de la frontera, esto es, a 30 de Puerto Príncipe, aparecieron los primeros muretes abatidos, los primeros postes de la luz inclinados. Circulaban muy pocos automóviles.
A veces, varias ambulancias veloces dentro de un convoy con todas las luces de emergencia puestas pasaban en dirección del hospital de Jimaní. A veces eran camionetas desechas las que transportaban en la parte de atrás heridos tapados por sábanas. El chófer conducía preocupado: la carretera, según se decía, se encontraba minada de bandidos armados dispuestos a secuestrar coches de extranjeros. Cada vez se veían más casas chafadas, más pisos hundidos o partidos por la mitad.
La gente, con la fachada en ruinas o no, seguía sentada en la acera, en sus sillas de plástico, a la luz de las velas, mirando hacia la carretera.
El autocar sobrepasó el aeropuerto, iluminado con potentes reflectores, y continuó directamente hacia el centro de la ciudad en tinieblas. Había personas con mascarilla y linterna adentrándose en callejuelas derruidas. En una plaza, un montón de neumáticos ardía al lado de una farola inverosímilmente torcida, en un ángulo de 45 grados con el suelo.
Los faros del autocar iluminaron de golpe un esquinazo poblado de centenares de personas acostadas en la calle, de niños con mascarillas abrazados a su madre, de personas durmiendo por miedo a que su casa se caiga encima de ellas o sin miedo a nada porque ya se les cayó. Alzaban los ojos al paso extravagante de un autobús a esas horas en las que no se ve nada, como preguntándose qué les iba a pasar.
Hay contenedores volcados, coches chafados con una pared en el capó, cables que penden como murciélagos, hombres que venden en las esquinas tajadas de carne, pedazos de fruta o un plátano verde.
Hay un edificio de oficinas milagrosamente intacto con todas las luces encendidas: desde la calle se ven los sillones volcados y los cajones abiertos. Hay jóvenes durmiendo en el techo de los coches, calles con una casa destruida y la de al lado no, sin que se pueda saber por qué. Hay un campamento de gente amontonada en la calle detrás de una pancarta que dice en inglés: "Necesitamos asistencia, comida y agua". Hay un supermercado en cenizas. No hay luz, pero los coches pasan alumbrándolo todo con los claxones a todo trapo para no atropellar a los que duermen en la calle.
Hay mucha gente deambulando de un lado para otro, con la cara tapada con pañuelos como bandoleros. Hay un muerto en medio de la carretera envuelto en bolsas de plástico y un cementerio al que le falta el muro exterior. Y un edificio de varias plantas aplastado que se ha quedado con forma de milhojas.
Hay también un hospital de campaña cerca de la base militar donde aparcó el autocar dominicano de madrugada. Pedro Sosa, el médico, acudió a ayudar. En una mesa larga hay una mujer y una niña de tres años que llora así: emite un gemido largo y constante cada minuto, sin parar ni acelerarse. Permaneció tres días bajo tierra, tiene las costillas y la cadera rotas y la mujer de al lado no es su madre porque su madre murió. Un enfermero le da leche de un tetrabrick con una jeringuilla y Sosa se coloca al lado convencido de que el infierno existe y de que ha llegado en autobús.